Como recordatorio de la práctica, adjunto video del maestro Ogura del primer kata de SETE IAI, Ippon me Mae.
Conviene fijarse en la ejecución correcta del kata, así como de los fallos más comunes en su realización.
jueves, 21 de octubre de 2010
miércoles, 6 de octubre de 2010
UN POCO DE HISTORIA
Durante el periodo de guerra entre clanes, Sengoju Jidai, el budo japonés alcanzó su cima, cuando cada dominio feudal ejerció influencia en determinados territorios del archipiélago. Después del Shogunato Tokugawa (1615), el imperio alcanzó la paz y los samurais se adaptaron a los nuevos roles que les tocaron vivir, tales como el estudio de habilidades y artes no guerreras, ceremonia del té, caligrafía, poesía, juegos estratégicos (Go), al tiempo que se incrementaron las necesidades de la Administración y política (Bakufu). Con la gran disminución de la necesidad de guerreros, muchos de ellos se vieron obligados a enseñar sus habilidades marciales a otros de fuera de sus escuelas o Ryu, de otras clases sociales, para poder subsistir. Cada vez había menos tiempo para alcanzar la excelencia en todos los campos del entrenamiento guerrero. Esto afectó al curriculum de las escuelas originales, que tuvieron que reducir sus enseñanzas en fracciones más pequeñas de técnicas (Jutsu), más fáciles así de aprender a los estudiantes, que como digo tenían menos tiempo disponible para aprender artes marciales. Estas técnicas, incluyendo los dos artes de la espada (Kenjutsu e Iaido) poco a poco fueron alcanzado especificidad propia, atrayendo a seguidores que podían o no dedicarse asimismo a aprender otras técnicas. Hacia el final del periodo Edo, los militares eran tan poco influyentes, y el budo había perdido tanta influencia, que la nación no pudo hacer frente de forma decisiva a la repentina aparición de Occidente, en la persona del comodoro Matthew Perry y su flota naval.
Tras la restauración Meiji (1868), cuando desapareció el Shogunato y el Emperador recuperó el poder, los samurais perdieron su estatus y su derecho a portar armas. Las artes marciales fueron poco a poco borradas de la sociedad nipona, y los que propugnaban la enseñanza de los Jutsu se vieron forzados a cambiar su planteamiento básico de técnicas guerreras para que pudieran seguir vivas, y tener algo con lo que subsistir. Regresando a sus principios budistas, el Jutsu vivió un momento de refinamiento y simplificación bajo la forma de Katas, con los que el practicante podía buscar su mejora personal, introspección, y quizá su iluminación (Satori). Este proceso no añadió nada a los Jutsu que no tuvieran ya antes, sino que simplemente enfatizaron el aspecto interno u oculto (ura) de los mismos, en contraposición al aspecto externo o abierto (omote). Aunque los Jutsu no desaparecieron, se vieron transformados en Vías (Do), y de esa forma han crecido a lo largo del pasado siglo y en este, convirtiéndose en las Artes que practicamos actualmente. Son herencia directa de las técnicas que nacieron de los esfuerzos de cientos de samurais que dieron su vida para hacerlas crecer como las conocemos. (Tomado y traducido del libro "Iaido Sword. Kamimoto-Ha. Techniques of Muso Shinden Ryu", Ed. Paladin Press).
Tras la restauración Meiji (1868), cuando desapareció el Shogunato y el Emperador recuperó el poder, los samurais perdieron su estatus y su derecho a portar armas. Las artes marciales fueron poco a poco borradas de la sociedad nipona, y los que propugnaban la enseñanza de los Jutsu se vieron forzados a cambiar su planteamiento básico de técnicas guerreras para que pudieran seguir vivas, y tener algo con lo que subsistir. Regresando a sus principios budistas, el Jutsu vivió un momento de refinamiento y simplificación bajo la forma de Katas, con los que el practicante podía buscar su mejora personal, introspección, y quizá su iluminación (Satori). Este proceso no añadió nada a los Jutsu que no tuvieran ya antes, sino que simplemente enfatizaron el aspecto interno u oculto (ura) de los mismos, en contraposición al aspecto externo o abierto (omote). Aunque los Jutsu no desaparecieron, se vieron transformados en Vías (Do), y de esa forma han crecido a lo largo del pasado siglo y en este, convirtiéndose en las Artes que practicamos actualmente. Son herencia directa de las técnicas que nacieron de los esfuerzos de cientos de samurais que dieron su vida para hacerlas crecer como las conocemos. (Tomado y traducido del libro "Iaido Sword. Kamimoto-Ha. Techniques of Muso Shinden Ryu", Ed. Paladin Press).
lunes, 30 de agosto de 2010
IAIDO: EL SALUDO.
El budo japonés está lleno de cierto número de reglas de educación, de cortesía, y ceremonias, que de hecho no son solo para los japoneses.
Estas reglas no son específicas del Iaido o de cualquier otro arte marcial sino que forman parte de la vida, costumbres y comportamiento de los japoneses. Así, el estudio del Iaido no debe disociarse de estas reglas de etiqueta pues perderíamos un considerable aporte cultural y espiritual.
El hecho de saludar al Dojo, al Sensei fundador del estilo, al maestro y a los compañeros, todo ello adoptando una posición en la que el cuerpo se estructure bien alrededor de su centro, permite una toma de conciencia de la existencia del “otro” respetando su espíritu y su cuerpo, puesto que se debe realizar un esfuerzo físico, casi de recogimiento, para saludarle desde una postura correcta, respetuosa y humilde.
Saludar es prepararse física y espiritualmente para el estudio del Iaido. Por otra parte, la toma de conciencia del “otro”, el respeto a su individualidad, la armonía entre los hombres y las cosas, que son las bases de la filosofía de extremo oriente, del Taoísmo, del Sintoísmo y del Zen, comienzan por la humildad que se debe poner en el saludo.
El Dojo es el entorno al que se viene para buscar la Vía: es el lugar donde se intenta progresar en la capacidad humana. Es un lugar privilegiado al que se va a purificar cuerpo y espíritu. Esta idea de purificación está presente contínuamente en la vida de los japoneses.
Saludar al retrato de los grandes maestros, es demostrar gratitud hacia lo que han creado, que nos transmiten por mediación de sus discipulos, el arte que amamos y que nos permite superarnos como personas. También es demostrar nuestra humildad, considerando que cualquiera que sea nuestra fuerza, nuestra inteligencia o nuestra posición social, siempre hay algo o alguien a quien respetar y a quien agradecer, pues aunque seamos infinitamente grandes, también somos infinitamente pequeños. Por supuesto, debemos mostrar respeto por todas las cosas, pero en concreto, en el estudio del Iaido, debemos principalmente respetar las armas que utilizamos: bokken, iaito, shinken, o nuestra ropa (keikogi), etc.: usarlas con respeto, nunca tirarlas o dejarlas de cualquier forma en un rincón, empujarlas con los pies...No se trata solo de reflexionar sobre nuestro gestos o actitud hacia ellos, sino hacia los artesanos, sastres, etc., que los han confeccionado, hacia su trabajo, y también hacia el KI que ellos han puesto al fabricarlos. El sable debe ser para el practicante de un arte marcial, el reflejo de su espíritu. Cuando cortamos con él, la trayectoria que describe debe ser limpia, directa: esta trayectoria es el símbolo de la línea de la vida que cualquier practicante de Budo debe marcarse.
Estas reglas no son específicas del Iaido o de cualquier otro arte marcial sino que forman parte de la vida, costumbres y comportamiento de los japoneses. Así, el estudio del Iaido no debe disociarse de estas reglas de etiqueta pues perderíamos un considerable aporte cultural y espiritual.
El hecho de saludar al Dojo, al Sensei fundador del estilo, al maestro y a los compañeros, todo ello adoptando una posición en la que el cuerpo se estructure bien alrededor de su centro, permite una toma de conciencia de la existencia del “otro” respetando su espíritu y su cuerpo, puesto que se debe realizar un esfuerzo físico, casi de recogimiento, para saludarle desde una postura correcta, respetuosa y humilde.
Saludar es prepararse física y espiritualmente para el estudio del Iaido. Por otra parte, la toma de conciencia del “otro”, el respeto a su individualidad, la armonía entre los hombres y las cosas, que son las bases de la filosofía de extremo oriente, del Taoísmo, del Sintoísmo y del Zen, comienzan por la humildad que se debe poner en el saludo.
El Dojo es el entorno al que se viene para buscar la Vía: es el lugar donde se intenta progresar en la capacidad humana. Es un lugar privilegiado al que se va a purificar cuerpo y espíritu. Esta idea de purificación está presente contínuamente en la vida de los japoneses.
Saludar al retrato de los grandes maestros, es demostrar gratitud hacia lo que han creado, que nos transmiten por mediación de sus discipulos, el arte que amamos y que nos permite superarnos como personas. También es demostrar nuestra humildad, considerando que cualquiera que sea nuestra fuerza, nuestra inteligencia o nuestra posición social, siempre hay algo o alguien a quien respetar y a quien agradecer, pues aunque seamos infinitamente grandes, también somos infinitamente pequeños. Por supuesto, debemos mostrar respeto por todas las cosas, pero en concreto, en el estudio del Iaido, debemos principalmente respetar las armas que utilizamos: bokken, iaito, shinken, o nuestra ropa (keikogi), etc.: usarlas con respeto, nunca tirarlas o dejarlas de cualquier forma en un rincón, empujarlas con los pies...No se trata solo de reflexionar sobre nuestro gestos o actitud hacia ellos, sino hacia los artesanos, sastres, etc., que los han confeccionado, hacia su trabajo, y también hacia el KI que ellos han puesto al fabricarlos. El sable debe ser para el practicante de un arte marcial, el reflejo de su espíritu. Cuando cortamos con él, la trayectoria que describe debe ser limpia, directa: esta trayectoria es el símbolo de la línea de la vida que cualquier practicante de Budo debe marcarse.
jueves, 15 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
CURSO TOYAMA RYU EN CARDEDEU
Los días 15 y 16 de mayo pasado tuvimos la suerte de contar con la presencia de tres maestros japoneses representantes del estilo Toyama Ryu, encabezados por Sensei Hataya, uno de los máximos exponentes de la misma a nivel mundial.
El curso, se inició con las rutinas de calentamiento propias de ese estilo, A continuación se repasaron los ocho Kamaes, los ocho ejercicios de Kiri y los ocho Noto o formas de envainar, sin olvidarnos de la especial forma de Tsuka no Kiri kata (forma de sujetar la Tsuka para cortar) que lo diferencia sensiblemente de otros, como por ejemplo Muso Shinden Ryu. Sensei Hataya tuvo la amabilidad de mostrar personalmente las bondades de esta forma de agarre en un trabajo de cortes encadenados, boken contra boken. También se trabajaron los Katas de Toyama, con una interesante explicación sobre el trabajo de la Saya, y por qué no se gira o cambia desde su posición inicial, y también se insistió al final sobre la importancia del ritmo en las mismas, como un “plus” de calidad en su ejecución. El último día se trabajó el corte de esterilla de paja o Tameshigiri. El trabajo de corte, vital para cualquier practicante de Iaido, implica un buen conocimiento previo de los ángulos de corte, de las formas estandarizadas de corte dentro del estilo Toyama, de las normas básicas de seguridad tanto del propio Shinken como del entorno del objetivo a cortar,... y por supuesto, de la adecuación del sable para esta tarea. Fue impresionante la demostración de corte que hicieron los tres maestros.
Gracias a sensei Sergio Hernández Beltrán, organizador del curso, por su dedicación y esfuerzo para hacer posible el mismo, y por la difusión de Toyama Ryu en el panorama nacional. Para más información, podéis visitar la web www.ryubukandojo.wordpress.com
Animo a todos los practicantes de Iaido, sea cual sea su estilo, a afrontar con seriedad el trabajo de corte, que ayuda a comprender mejor su disciplina marcial.
El curso, se inició con las rutinas de calentamiento propias de ese estilo, A continuación se repasaron los ocho Kamaes, los ocho ejercicios de Kiri y los ocho Noto o formas de envainar, sin olvidarnos de la especial forma de Tsuka no Kiri kata (forma de sujetar la Tsuka para cortar) que lo diferencia sensiblemente de otros, como por ejemplo Muso Shinden Ryu. Sensei Hataya tuvo la amabilidad de mostrar personalmente las bondades de esta forma de agarre en un trabajo de cortes encadenados, boken contra boken. También se trabajaron los Katas de Toyama, con una interesante explicación sobre el trabajo de la Saya, y por qué no se gira o cambia desde su posición inicial, y también se insistió al final sobre la importancia del ritmo en las mismas, como un “plus” de calidad en su ejecución. El último día se trabajó el corte de esterilla de paja o Tameshigiri. El trabajo de corte, vital para cualquier practicante de Iaido, implica un buen conocimiento previo de los ángulos de corte, de las formas estandarizadas de corte dentro del estilo Toyama, de las normas básicas de seguridad tanto del propio Shinken como del entorno del objetivo a cortar,... y por supuesto, de la adecuación del sable para esta tarea. Fue impresionante la demostración de corte que hicieron los tres maestros.
Gracias a sensei Sergio Hernández Beltrán, organizador del curso, por su dedicación y esfuerzo para hacer posible el mismo, y por la difusión de Toyama Ryu en el panorama nacional. Para más información, podéis visitar la web www.ryubukandojo.wordpress.com
Animo a todos los practicantes de Iaido, sea cual sea su estilo, a afrontar con seriedad el trabajo de corte, que ayuda a comprender mejor su disciplina marcial.
TOYAMA RYU IAIDO
En 1867 la clase samurai fue abolida en Japón. La Restauración Meiji redefinió el sistema de clases sociales e introdujo a Japón en la Era Moderna. Para la mayor parte de las personas, los samurai son una huella en la historia de Japón, y aunque desaparecidos, su huella sigue presente en nuestros días.
La escuela de Toyama Ryu Batto Do es una escuela del arte de la espada japonesa que se fundó en 1925. Toyama Ryu enseña no solo las técnicas de desenvaine y corte, sino también los aspectos mentales y espirituales que gobiernan la vida diaria de los practicantes de esgrima japonesa, desde hace mucho tiempo. Toyama Ryu se basa en la aplicación práctica de la espada como arma. Consiste en técnicas básicas de corte, katas básicas, katas avanzadas por parejas y una gran variedad de formas de corte. Pone énfasis en la importancia del corte real con la espada y en la comprensión de los detalles, a veces complicados, de dicha técnica
La escuela de Toyama Ryu Batto Do es una escuela del arte de la espada japonesa que se fundó en 1925. Toyama Ryu enseña no solo las técnicas de desenvaine y corte, sino también los aspectos mentales y espirituales que gobiernan la vida diaria de los practicantes de esgrima japonesa, desde hace mucho tiempo. Toyama Ryu se basa en la aplicación práctica de la espada como arma. Consiste en técnicas básicas de corte, katas básicas, katas avanzadas por parejas y una gran variedad de formas de corte. Pone énfasis en la importancia del corte real con la espada y en la comprensión de los detalles, a veces complicados, de dicha técnica
jueves, 10 de junio de 2010
ESPIRITU SINCERO Y KENJUTSU
Al entrenar artes marciales japonesas, en general, y en especial en el trabajo de Kenjutsu por parejas (y también individual, aunque este aspecto merece un comentario aparte) se suele solicitar a los practicantes que en su papel de Uke realicen las técnicas de ataque "con sinceridad". A esto, en japonés, se le llama "Makoto". Esta sinceridad se refiere a cómo ejecutamos las técnicas; y es que para que una técnica sea eficaz, requiere que sea realizada con toda nuestra implicación, con el espíritu "Ki ken tai no ichi", con unidad de espíritu, cuerpo y espada, con coordinación absoluta. "Makoto" se refiere a esa unidad y coordinación de alguna forma, pero va más allá. Cuando hablamos de "sinceridad" nos estamos refiriendo a una actitud de respeto hacia el contrario y hacia nosotros mismos. El ataque sincero obliga a nuestro compañero a realizar asimismo una defensa adecuada, en tiempo y en forma, es decir, también "sincera", y así le ayuda a progresar. El avance no es sólo para quien desarrolla el papel de Tori. Uke, en su ataque auténtico, sin dudas, sin deformar la técnica, sin dejar un hueco, también progresa y lo hace tanto en su técnica como en su espíritu, porque ambos están íntimamente ligados. De nuevo debemos recordar el principio "Ki ken tai no ichi". Un espíritu decidido y sincero no solo tiene aplicación en la vía marcial, sino en la vida cotidiana, en nuestras relaciones con compañeros de trabajo, amigos, pareja...
Pero no debemos confundir esta "sinceridad" con "precipitación" o "aceleramiento". Los ataques sinceros deben partir de una técnica correcta previamente aprendida, pero controlando la emocionalidad, el ímpetu, que puede llevar tanto a romper la forma correcta como a romper el Ma-ai o el ritmo. Nuestro "centro" no debe ser alterado, porque de otra forma nos convertiríamos en "presa facil" para el contrario, y además no ayudaríamos al progreso común que debe buscarse en toda relación Tori-Uke en el Dojo.
Pero además, este concepto que manejo de "sinceridad en el ataque" (y en la respuesta) tiene otro aspecto muy importante sobre el que reflexionar: implica perder el "miedo a perder", facil de decir, muy dificil de poner en práctica. La entrega absoluta y el desapego, características inconfundibles de los samurais, aparece en juego. No son conceptos de nuestra cultura occidental, porque casi siempre que hacemos algo, por el miedo a perder, nos quedamos con ciertas "reservas". El no pensar en el "después", el centrarnos en el "aquí y ahora" y una vez tomada la decisión ejecutarla con todas sus consecuencias, sin preocuparnos por la ganancia o pérdida resultante, forma parte de este concepto de "Makoto". En el papel de Uke, ataco por tanto para "perder", porque ese es el papel que temporalmente me han asignado. No hay defensa posible en mi acción: solo ataque, por lo que debo aceptar de antemano lo inevitable: mi "derrota". Esta aceptación de lo inevitable es la que elimina mis reservas y me permite atacar sin vuelta atrás, sin duda, sin miedo. Y luego los papeles de Uke, pasan a ser de Tori... con lo que el círculo se cierra, y el aprendizaje (no solo de la técnica) es mútuo.
Reflexionad sobre esto.
Pero no debemos confundir esta "sinceridad" con "precipitación" o "aceleramiento". Los ataques sinceros deben partir de una técnica correcta previamente aprendida, pero controlando la emocionalidad, el ímpetu, que puede llevar tanto a romper la forma correcta como a romper el Ma-ai o el ritmo. Nuestro "centro" no debe ser alterado, porque de otra forma nos convertiríamos en "presa facil" para el contrario, y además no ayudaríamos al progreso común que debe buscarse en toda relación Tori-Uke en el Dojo.
Pero además, este concepto que manejo de "sinceridad en el ataque" (y en la respuesta) tiene otro aspecto muy importante sobre el que reflexionar: implica perder el "miedo a perder", facil de decir, muy dificil de poner en práctica. La entrega absoluta y el desapego, características inconfundibles de los samurais, aparece en juego. No son conceptos de nuestra cultura occidental, porque casi siempre que hacemos algo, por el miedo a perder, nos quedamos con ciertas "reservas". El no pensar en el "después", el centrarnos en el "aquí y ahora" y una vez tomada la decisión ejecutarla con todas sus consecuencias, sin preocuparnos por la ganancia o pérdida resultante, forma parte de este concepto de "Makoto". En el papel de Uke, ataco por tanto para "perder", porque ese es el papel que temporalmente me han asignado. No hay defensa posible en mi acción: solo ataque, por lo que debo aceptar de antemano lo inevitable: mi "derrota". Esta aceptación de lo inevitable es la que elimina mis reservas y me permite atacar sin vuelta atrás, sin duda, sin miedo. Y luego los papeles de Uke, pasan a ser de Tori... con lo que el círculo se cierra, y el aprendizaje (no solo de la técnica) es mútuo.
Reflexionad sobre esto.
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